Lo que sucede es único, sui generis. Jamás será el primero de una cadena de otros símiles con los cuales compararse luego. Cada pestañear es análogo a sí mismo.
De esto concluimos que el Conngo exagera cuando se juzga existente en tiempo y espacio. No podría sostenerse siendo algo aquello que nunca fue más que fugaz.
Algunos flashes eventuales, sin embargo, son recordados como más incógnitos que otros.
- Un lunes amaneció domingo.
- La boca que murió por un pez.
- Aquel árbol que se mudó a los suburbios.
- El Conngoccino con sabor a miel.
- Los versos del poeta conngues que nublaron la vista
- Descripción del Conngo que escupió en la cara.
- La singularidad que se pretendió constante.
