Exoconngo

En el Conngo, todos los planetas están habitados

Montañas

Las montañas en el Conngo son prácticamente invisibles. Sucede que el conngolito promedio tiene el poder de atravesarlas, tanto con su mirar, ego y caminata.
El lector maduro se preguntará, sospecha el autor precoz, qué grado de atrevimiento es preciso para nominar montaña a lo que, como es evidente, carece de existencia. Pregunta tanto válida como apresurada.
Las montañas en el Conngo, dijimos, son prácticamente invisibles. Cuando el conngolito promedio actúa, ellas también. Los unos construyen, las otras desaparecen.
Es en teoría, en el pensamiento, en la abstracción, en el mundo interpretado, donde pequeños montículos de, acaso tierra, acaso materia, se erige, metamorfosis mediante, en insalvables Everest mentales que, como bien cabe suponer, anularan voluntades de llegar a otros pagos.

Traslucido

Hay tiempos que se escapan por la tangente disfrazados de descuido, abismos de los cuales nunca nadie ha caído y soles que no escatiman pereza. Pero los tiempos de las pausas, aquí también se caracterizan por su finitud.

Hermetismos

Hay temporadas en las que Conngo se queda sin frases y el silencio se lleva la luz de todas las lunas. En momentos así, los despóticos imploran veredictos, las leyendas impugnan escrituras y los propensos a la retórica, ofrecen sus argumentos menos confusos.

del turismo en el Conngo

Pocos son los turistas en el Conngo. La mayoría de los visitantes no resiste el vistazo inicial y, por decreto, se declaran habitantes de la región, anulando su visa turística. Otros, los menos (aunque sean la mayoría), huyen raudamente y reprimen el paso por la zona.
Los magros turistas se han visto imposibilitados de fotografiar lugareños o degustar la selecta cocina conngoleña. Su conducta no ha presentado jamás modificaciones y/o sucesos extraordinarios que, como bien sabemos, distinguen al Conngo entre todos los destinos. Se intuye que no han comprendido su status de visitante.
Las máximas de servilleta sentencian que el Conngo jamás ha perdonado la indiferencia. Una vez fuera es imposible retornar, una vez dentro, resulta vedada la voluntad de salir.

Bebidas del Conngo


  • Té de flor del Conngo: característico por su aroma complejo y sabor irrepetible. Se sirve en las fiestas paquetas y rondas de vino en caja.
  • Conggoccino: infusión caliente, a base de menta, mentol, mostaza y clavo. Fue descubierta por el Conngolito original, quien nunca delegó las proporciones precisas a sus acaso fieles.
  • Miliato de siris: combo de extracto de olvidos. Ideal para abortar resacas (debe ingerirse antes de las 48hs).
  • Yallét de Yútyala: confiere el don de poseer La Verdad. Reconocible por su sabor peculiar y nausas profundas. Útil para educar futuros conngudos.
  • Licor de TV: producto a base de nada. Utilizado en los hospitales por sus efectos anestésicos.
  • Conngoya: su efecto es anterior a la ingesta, creando las condiciones para la misma.

Refranes del Conngo

  • No despabiles una pantufla sin militar cerca.
  • Conngo-conngo o déjà vu?
  • Mejor un conngolito atorrante que un conngudo sincero.
  • No es posible poner precio a un Conngo ordenado. No tiene valor.
  • Conngolitos del mundo, separaos!
  • Camisa que pantalonea, camisa a medias.
  • Más mito será tu connga.
  • Sol semantizado, futuro agujero negro.
  • Más allá de todo, siempre quedará nada.
  • Conngo sum, ergo humanum a mi alienum puto.

Lenguas del Conngo

Diversas son las lenguas del Conngo. Muchas de ellas carecen de nombre y otras mueren al nacer. Analizaremos a continuación cuatro. Cada una es correspondida por una experiencia de vida única y, por lo general, inabordable.
La lengua Nnogco, expresa a quienes pertenecen al Conngo desde su origen. Su evolución es clara: nunca nadie ha logrado comprenderla. Quienes la hablan ni siquiera logran entenderse entre ellos. Se comprende, entonces, por qué el origen del Conngo resulta caótico.
Gncoon es el código ejercido por los fieles. Ellos respetan a rajatabla los mandatos, leyes y caprichos de los habitantes primeros. Aspiran la comprensión de su lengua, quedando para siempre allí, aspirando. Su máximo logro ha sido el primer diccionario Nnogco - Gncoon. Publicación exitosa que jamás pudieron comprender los conngolitos.
Conngo es el lengua oficial del Conngo. La enuncian aquellos miembros de los estratos poderosos, quienes se arrogan la toma de decisiones del Conngo entero. La particularidad de esta lengua es su rotundo estancamiento, el último neologismo data de siglos pasados. Sus hablantes se enorgullecen de la situación argumentando que es consecuencia de la perfección de la lengua. Fuentes extraoficiales susurran que, en realidad, sus oradores no son auténticos habitantes del Conngo. Estas fuentes nunca han sido corroboradas por estar escritas en Nnogco.
Por último, tenemos la lengua Ognnoc. Esta lengua simula expresar realidades, dejando al libre albedrío del conngues de turno la veracidad de su sintagma. La utilizan los chismosos, profetas y, se sospecha, los despreciados carneros del rebaño.

Las anticontradicciones

El pergamino de las parsimonias, ilustra acerca de técnicas, herramientas y procedimientos en el proseguir de una enumeración. Los pasos básicos se relatan en prosas exquisitas.

Los bibliotecarios son, ante todo gente prolija para las bienvenidas, pero los taxófilos depravados cotejan parangones de idolatría contra todo tipo de patrones y piezas.

En los prólogos del pergamino, se detentan, en riguroso orden y detalle, las tropocosas, que son siempre las primeras en nombrarse en todo tipo de inventarios y racontos, las cantocosas, que reúnen mas de siete pretextos para figurar en la lista y las metacosas, que son las que no poseen ninguna característica que permita ubicarlo entre los cánones de ningún escalafón.

A continuación, se desarrolla sobre de las pertinencias procedimentales que, a fuerza de esfericidad, pueden mantenerse casi constantemente de pie.

Feligreses

Para los cóngoles de las villas acantiladas, no hay en todo el barrio, mejores historias que sus propias anécdotas. Son desdichados, mediocres y acusados de vanidad.

El secreto de estos relatistas, es contar las historias en voz baja, la conexión que se logra así, es en efecto distinta y los atendientes legítimos, no consiguen renunciar al estigma de entregarse.

Cada historia es como un paquetes de vida con titulo de propiedad y el contraefecto del cuento ajeno, es la expectativa. Los demasiado espectadores, no tienen ojos para nada que no parezca certeza.

Sobre las preguntas horizontales

La autoridad en ciertos galpones, se confiere de manera automática a quien formula la pregunta indicada. Cada pregunta resulta, para los delegadores, fuente de sabiduría, madurez y coherencia. Preguntar, implica tener acceso a la pregunta.

La Ironía no descansa en el solo hecho de conocer la pregunta, cuestionar implica encontrar un para que.

Inventar una pregunta, es darle sentido al acto de preguntarse por la respuesta que esa misma pregunta persigue.

La coincidencia, no frecuenta estos lares, pero sin embargo, los eruditos afirman que en este pedazo de suelo plagado de aprendientes, casi cualquier despabilado llega a ser rey.


Recursos

Para los congolitos menos agraciados de sonrisa, no hay pétalo que resulte inútil cuando hay que seducir.
Los menos nobles, cuentan en tono de leyenda, victorias pasadas y metamitos, aventuras de las que se proclaman héroes inapelables y sabedores del dogma.

Los casi escépticos, alegan contra lo impropio que resulta devenir a pesar del destino y como rememorando una liturgia religiosa o milenaria, cuidan de no volver sobre sus pasos. No tendría sentido tampoco, procurar algún camino de nuevo.

Es en el lamento por la perdida, donde siempre subyace un dejo de negación de lo que se busca recuperar.

Evoluciones

El clan de los cuasiestáticos tiene por misión estudiar evoluciones, en sus estatutos reza, entre otras, la siguiente conclusión:

“cuando los jardines elípticos rebalsan de luna, diecisiete equilibrios sucumben”.


-He llegado a pensar que aquí el equilibrio es discreto, de modo que entre dos balances consecutivos no hay estado posible. Los equilibrios en el Conngo, viven en los seres y los momentos que tienen la capacidad de esfumarse y desaparecer.

Cuando un equilibrio colapsa no puede recuperarse. Los recordantes se deprimen, los noctámbulos cruzan la calle y los aprendientes, entre tanto, se toman vacaciones.

Diccionarios en el Conngo

En el Conngo brillan en ausencia las dificultades conversacionales. Ante las eventuales vicisitudes contenidas en la diversidad de sentido posible en su lenguaje, los conngolitos aprovechan para dar a luz lo nuevo; en el Conngo, lenguaje, innovación y charla de cafetín, comparten campos semánticos.
Los diccionarios, guías de la dicción (ajena, propia y pretendidos neutros), no remiten a lo referido de la palabra, sino que devuelven, al conngolito de turno, su realidad en construcción; en estos lares, no hay libros ilustrados que pretendan explicar algo más que a sí mismos.
De modo que frente al término televisor, el mataburros reflexiona: "dispositivo frente al cual un habitante del conngo elige, momentaneamente, ceder su mundo al libre devenir del zapping".
Los sabios del Conngo, tras arduos debates, sumados a diversas y contradictorias visitas al Oráculo, acuñan para diccionario lo siguiente: "construcción de un yo ajeno al yo que pretende controlar el sentido de lo que, por definición, carece de existencia".
El diccionario descripto carece de orden ajeno al aleatorio, de tal manera que su primer entrada es Conngo: "posible lugar donde habitan conngolitos, conngueños, conngudos, conngueses y conngorianos. Su ubicación paradojiza el espacio-tiempo y gatilla, eternamente, un big bang sobre él."

Oniris y Conngos

En el Conngo nadie sabe cuando sueña; y si lo soñado le pertenece al soñador de turno. Las noches devienen misteriosas y multitudes de conngolitos acuden, cada mañana, a las esquinas a compartir sus experiencias oníricas, en pos de rastrear su propio sueño, aparecido en algún Otro.
En dichas conversaciones, los sueños emergen de nuevo, y reconocen en el acto a sus dueños. El conngolito que encuentre el suyo, morirá al instante; morirá feliz. Sucede que en el Conngo, el sueño es Tótem; lo vivo es lo que sueña, y quien ya no precisa hacerlo, no duda en retirarse jactansioso.
Algunos conngudos, sin embargo, suponen que cada sueño da igual, y se arrogan propiedades sobre aquellos de carácter bastardo e indeciso. Esperan encontrar lo que nunca perdieron.
Es que los conngudos del Conngo, no sueñan.

Conspicuos

Por aquí hay espacio para objetos, sensaciones y eventualidades que realmente son lo que parecen ser.

El secreto para encontrar eternidad fuera del propio horizonte, parece resumirse en un compendio de ilustraciones que domestica acerca de como negarse a brindar atención de espectador a todo aquello que no tenga ínfulas de protagonismo.

Los prodigios y el Conngo

Las grandes civilizaciones conocen la tecnología del álgebra, la pretenden los fanáticos del dogma, la insultan los congos engreídos, la ignoran los frígidos y los contusos se jactan de ella sin conocerla, los prosaicos del todoterreno detestan todo cuanto se presenta opaco.

Hay preambulistas mezquinos que difaman y llegan a despreciarla, hasta los segundos de afuera.

Algunos rumores alivian diestramente el escollo. Sabido es por estos barrios que ciertos congolitos tienen por postre practicarla y de vez en cuando, alguno la abraza y no duda en llamarle poesía.

Bares y Conngos

Las confiterías en el Conngo, a excepción de aquellas ubicadas en la zona este, desvirtuan la coherencia de la vida cotidiana. Es que, décadas atrás, un puñado de conngueños comprendieron que, si bien es posible entrar y salir de ellas, los egresos suelen anteceder al pedido del cortado doble.
Sucede que los bares del Conngo son alteraciones singulares, cuya particularidad reside en permitir a los parroquianos moverse libremente en la cuarta dimensión. De este modo, tomar un té con limón es mucho más que ingerir la tradicional bebida. Implica una visita libre a cualquier rincón del espacio-tiempo. Incluso hay quienes se significan exclusivamente al cafetear en el Bar, viviendo en el pasado. Probablemente el suyo.
Pocos conngueños conocen este secreto, por lo que la mayoría se sorprende (tras pagar la propina) al reencontrarse con viejos personajes que creían difuntos, y acaso enterrados.
Es que, como bien sabemos, en el Conngo la muerta mata a tiempo, pero avisa tarde.

No todos


Hay conngolitos que, en ocasiones, se acuerdan de vivir


Sobre la luz

Hay un tipo de tormentas que sorprenden en la llanura. Cuando un viandante se sumerge en ciertos rincones, las intemperies transforman su entidad en una suerte de existencia esencial y neta de materialidades.

Nadie duda de los desencuentros, ni de las demoras y mucho menos de los temporales. Ambas situaciones resultan fecundas en ideas y en una gran mayoría, impregnan creatividad y comprensión de lo que antes no era claro.

Al parecer, en el Conngo, cuando alguien entiende algo nuevo, rara vez logra recordar lo que significó no haberlo entendido.


Otros dialogos

A la llegada de los otoños, en los foros de la tarde se conglomeran los preguntantes, se aglutinan los fabuladores y mas de un erudito pasa desapercibido. La estación de las respuestas parece apropicuarse y un dejo de ansiedad gobierna las atmósferas y los antros.

A pesar del aparente caos, las desvariaciones y las disputas rara vez perpetúan inconcluciones.

Y es que cada ser en Conngo, tiene la capacidad de abordar y dirimir todo tipo de desperfecto comunicativo. Cada uno de los miles de discutientes dentro de estas fronteras, elige cuanto de su devenir le dedica a sus debates.

Dicen los que dicen que saben, que es por este motivo que ciertos foristas serán por siempre eternos.

Relaxes

Las tardes entre perezas y ánodos de sal, bajo los taibos la vida se pasa mas lento.

Al principio, creí que se trataba de un virus, consecuencia de vivir dentro de una brutal y gigantiasica berenjena, pero no... diría yo que es mas bien una suerte de entresueño.

...ahora bien, heme aquí.

En lo recóndito de un mar con espuma de viento, en la ladera de una ola... desparramado sobre un colchón de imágenes, una red de momentos que preludian una nueva siesta infinita.

Los escribas en el Conngo

En el Conngo existe quienes dedican su tiempo a la escritura.
Por un lado están quienes cuentas lo que observan y oyen; su identidad es enrolada bajo sentidos que se niegan tales. Estos escribas son respetados por sus pares y ellos, a su vez, respetan los múltiplos, de modo que la cadena respetuosa deviene infinita.
Este respeto produce temblores en el Conngo. Con él se invoca a La Verdad.
Otros conguenses se saben habitantes únicos de un Conngo desolado y en perpetua construcción. Sus palabras no apelan más que a sí mismos, sus escritos intuyen y conjugan quienes son.
Es que ellos (antes que nosotros lo revelaramos) comprendieron la secreta y terrible cadena de la angustia. Saben bien que el Conngo desaparece cada vez que la paradoja actúa, y que el Conngo consecuente no es más que la evidencia de la muerte.
Es que por cada Verdad invocada, los (antaño omnipotentes) dioses del Conngo, se cobran onerosos sacrificios.
Y bien saben estos conngolitos que un dios jamás da vuelto.

Varietales Artísticos

En el Conngo, arte y taxonomía son antónimos.
Los conngueños circulan por sus calles degustando las diversas ofertas de sonidos, imágenes y sabores que otros conngolitos producen sin conciencia.
Es que en el Conngo, las gentes han aprendido casualmente que un congueño es un congueño y un conngolito es un conngolito; sin mezclas que enturbien los sentidos. De este modo todos conviven, sin convivir siquiera.
Los unos no son concientes de sus obras, los otros no comprenden el origen de sus interpretaciones. Los primeros resignifican los sentidos, mientras aquellos pasan silbando bajito.
Los terceros, absortos en la contemplación, son quienes comprendemos el eterno círculo vicioso que los alimenta. Sabiendo lo que ellos jamás:
Que en el Conngo, nadie puede ser; disfrutando de su libertad devienen esclavos de sí mismos.

de la Parca en el Conngo

En el Conngo, la muerte mata a tiempo, pero avisa tarde.
Burocracias y autoridades se contienen, recrean y confunden; de manera que el telegrama fatal puede recibirse años después del deceso, disipando las sospechas, y diluyendo las anécdotas de esos conngolitos que, sin saberlo, deberán devolver al silencio el todo de esa parte de su existencia.